En los años en los que pude estar en el extranjero, recuerdo que cuando me llegaba una carta de un amigo, ser querido o familiar, la guardaba para antes de irme a dormir leerla con calma. Para mi era el momento anhelado del día.
Incluso, tenía la costumbre de escribir de vuelta a cada uno de ellos con calma, buena letra. Aún conservo muchas de las cartas que marcaron mi adolescencia. Creo que en esas cartas incluso en algunos casos se decían cosas que no se expresaban en persona.
Hoy, creo que es impensable que alguien escriba una carta y por suerte o a veces por desgracia lo hacemos de otra forma:
- enviar un sms o un mms.
- Un mail.
- a través de messenger.
- vía redes sociales explicando minuto a minuto lo que hacen.
- Incluso los hay que se hacen blog para explicar su viaje a sus allegados o son usuarios de comunidades virtuales de viajeros donde lo explican todo.
- Otros que directamente comparten sus fotos on line.
- etc, etc, ...
¿ Por que tenemos ese afán de compartir en todo momento?, de sentirnos conectados 100%, de saber que les ocurre a nuestros seres queridos, de mostrar la foto al momento, ...
¿Alguien escribe aún alguna carta?, ¿hemos perdido el sentido de la espera?, ¿disfrutamos igual que antes?, ¿echamos de menos como antes?, ...
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Yo tenía papeles de color coordinados con los sobres...¡jolín! ¡yo soy mayor tambien!
¡Es verdad!... ya nos acordamos de las cartas en papel!. Solo conozco una persona en mi entorno que aun escribe cartas a mano: Mi abuela. Tiene 88 años y me encanta recibir sus cartas, ver su caligrafía perfecta y sobretodo oler el papel (huele igual que su casa).
Pasa igual que con las fotos. Ya no tenemos la emoción de entregar el resguardo en la tienda y de camino a casa abrir el sobre y ver cómo han quedado!!
(Qué vieja soy... jajaja)